Ser miembro de la Comunidad de Emmanuel

- ¿Quienes formamos la Comunidad de Emmanuel?
Emmanuel: Dios con nosotros.

La Comunidad de Emmanuel reúne a personas que comparten una llamada común y que se comprometen a la imagen de la de los primeros creyentes que tenían «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4, 32). Cada uno se compromete por un año.

Esta comunidad se dirige a hombres y mujeres insertados en la vida ordinaria, profesional y social, de diferentes medios, edades y nacionalidades, desde el respeto de la vocación propia de cada uno. Así reúne tanto a personas casadas, como a solteros, a jóvenes, a sacerdotes, a consagrados en el celibato… Por el reconocimiento común de esta llamada, se realiza una fuerte solidaridad y la unidad de la Comunidad.

La unidad de los miembros del Emmanuel se expresa en su vida fraterna, es decir, en los encuentros comunitarios, el grupo de compartir fraterno, y también en diferentes servicios de compasión y evangelización.

Una llamada.

Se entra en el Emmanuel de diversas maneras y viniendo de múltiples horizontes: cristiano desde siempre, convertido o recomenzando de nuevo; casado y con familia, soltero o joven buscando su vocación. Algunos han sido tocados por la alabanza, la alegría, la liturgia, la oración, los cantos. Otros por la caridad fraterna, el aliento misionero.

Querer conocer mejor el Emmanuel y entrar en él representa un momento importante en la historia de la persona. Este descubrimiento pasa, evidentemente, por el descubrimiento y el conocimiento de los miembros de la Comunidad de la región o del país donde vive. Y ellos se esforzarán en ayudarle a ver claro sobre estecamino y la forma de enfocarlo, con toda libertad y según la historia de cada cual. Para ello los Estatutos de la Comunidad prevén un periodo de acogida y discernimiento de al menos dos años, durante los cuales podemos verificar juntos la autenticidad de esta llamada.

Una decisión.

Entrar en la Comunidad y comprometerse en ella es una decisión, una elección que hace cada uno. El compromiso en la Comunidad se hace al final de esta etapa de discernimiento. Este compromiso se renueva cada año. Pierre Goursat, uno de los fundadores de la Comunidad, deseó que este compromiso fuera renovado por cada uno de manera libre y pudiera decidir, regularmente, reafirmar su elección.

- Matrimonio
Las personas casadas que se comprometen en la Comunidad de Emmanuel viven las mismas gracias que los miembros de los otros estados de vida. Viven en la Comunidad su llamada a la santidad en el matrimonio cristiano, como Dios ha querido y restaurado por Cristo, en la caridad y la fidelidad, la apertura a la vida y al mundo.

La vida comunitaria ofrece a las personas casadas medios concretos de vivir esta vocación tanto en su dimensión interna (vida de pareja, de familia) que en la de apertura, de apostolado y de la presencia en el mundo. Les ayuda a crecer en la unión con Cristo y a conservar el celo por la misión teniendo en cuenta:
• La vida personal y profesional, la vida de pareja, la vida familiar con el fin de que puedan desplegar su dimensión humana y cristiana.
• La presencia de hijos con el fin de que puedan encontrar en esa familia una comunidad de vida y de amor abierta.

- Vida Consagrada
El compromiso en el celibato está enraizado en la vida y la misión de la Comunidad. Se vive en un espíritu de comunión con todos los miembros de todos los estados de vida, y a través de los medios de santificación disponibles para cada miembro de la Comunidad. En su "sí" dado a Dios sin reservas y con alegría, la Virgen María, Madre del Emmanuel guarda a las personas consagradas en el celibato para el Reino en la fidelidad a su llamada.

La vida de los consagrados por el Reino es por esencia una vida misionera. La misión se vive cada día en su trabajo, su vida social, familiar, comunitaria. Ellos participan en las diferentes misiones confiadas a la Comunidad y pueden a veces, como otros miembros de la Comunidad, "dedicarse todo el tiempo al apostolado".

- Sacerdocio
Los sacerdotes de la Comunidad de Emmanuel viven su llamada en conformidad con la doctrina del sacerdocio ministerial tal y como está expuesta en los textos del Magisterio, según el carisma particular de la Comunidad. Es así que están llamados a vivir plenamente la vida comunitaria con los otros miembros, en la comunión e los estados de vida. Están incardinados en las diócesis por el servicio de la misión universal de la Iglesia.

Para los sacerdotes, la Comunidad no es solamente una espiritualidad común o un simple lugar donde retomar fuerzas. Es una llamada a una vida comunitaria y misionera recibida de Dios y discernida.
Abre a los mismos derechos y obligaciones que todos los otros miembros, salvo las disposiciones particulares de los Estatutos concerniendo a los sacerdotes.