Pierre Goursat (Fundador)

Un parisino, un convertido, un evangelizador.
Nació el 15 de agosto de 1914, en París, donde permaneció toda su vida.
Su conversión se sitúa à la edad de 19 años, en el tiempo en que estaba internado, por tuberculosis, en el sanatorio de Assy. Un día se dio cuenta, bruscamente, que estaba pensando en su Bernard, dos años menor que él, muerto repentinamente a la edad de 10 años. Fue como si su hermano le dijera « No te acuerdas de mí por tu dureza de corazón, eres un orgulloso ». Pierre se arrodilló a los pies de su cama de enfermo y, en este mismo instante, reencontró a Cristo, de una tal forma que iluminó toda su vida. Desde este mismo instante, cortó con la concepción de vida refinada y estética a la que estaba ligado por su temperamento de artista. Empezó a profundizar en su fe, a orar y a evangelizar.

Un adorador laico.
Durante la guerra conoció al le cardenal Suhard, arzobispo de París llegando a tener una relación muy personal con él. El cardenal Suhard ha sido uno de los primeros en apercibirse de la descristianización de Francia, et de la necesidad de reevangelizar el país. A su vez,confirmó a Pierre en su vocación de laico, es decir: permanecer en el mundo para ser un adorador de Jesús en la Eucaristía y evangelizar.

También durante la guerra, en 1944, Pierre salió de una situación peligrosa gracias a la intervención de la Virgen María. Como ya había reencontrado a Jesús, reconoció enseguida, a María, su madre. Desde entonces prácticamente todos los año peregrinó a Lourdes.

Compromiso en el mundo cultural.
En esta época, se consagró a la evangelización a través de los libros, las revistas y la participación en el Cercle Catholique des Intellectuels (Círculo católico de Intelectuales). Enseguida se orientó hacia el cine, dada la importancia que él percibió que tenía. Llegó a ser amigo y, a veces, consejero de muchos directores de escena ejerció, durante diez años, la función de secretario de l’Office Catholique du Cinéma (la Oficina Católica de Cine). Como estaba enfermo de tuberculosis, esto le impidió, muchas veces, participar en estos encuentros, dado que tenía que pasar mucho tiempo en cama.

En 1970, se retira a una vida más sencilla. Su ardiente deseo de hacer conocer a Jesús le lleva a reunir a algunos jóvenes, con diversos pretextos, con el fin de abrirles a la esperanza en Dios. Y es así como una chica joven se convirtió después de leer, en el evangelio, la frase que Jesús dirige a la samaritana: « Si conocieras el don de Dios... ».

En otra ocasión ayuda al escritor Maurice Clavel a tomar conciencia de que la crisis que le sacude es una búsqueda de Dios

Pero lo que él hacía en pequeñas dosis, incluso de una forma oculta, va a transformarse en una epopeya con la Renovación Carismática. La efusión del Espíritu va a sacudirlo todo: conversiones innumerables, la aventura de la Comunidad de Emmanuel.

Un hombre humilde.
Pierre tenía una humildad radical y sencilla. Esta humildad le daba la posibilidad de acoger a las personas más diversas. Esta riqueza de origen caracterizará la Comunidad.

Esta humildad le dio una gran escucha del Espíritu santo. Ello hacía que su fuerte voluntad estuviera completamente disponible a la voluntad de Dios. Son muchos los que han hecho la experiencia de ver como Pierre no dudaba en absoluto en cambiar sus proyectos después de haber orado. Como modificaba su propia idea cuando un interlocutor le exponía alguna cosa más válida.

Libre para amar.
Pierre era un hombre libre y muy original. No estaba encerrado por las estructuras. Profundamente tradicional no era, en absoluto, conservador. Era necesario crear un mundo nuevo, era necesario avanzar. Era necesario renovar la Iglesia, que él amaba profundamente. Es por ello que en este avanzar, no se dejaba entretener por asuntos secundarios o transitorios.

Estaba caracterizado por la alegría: alegría de la presencia de Dios, alegría por la acción de Dios, alegría de vivir con hermanos. Marthe Robin (una mística de nuestro tiempo) un día se hacía eco de ello diciendo: « Voy a orar para que el Emmanuel evangelice con alegría ».

Todo el lugar para Dios.
Pierre era un hombre completamente entregado. Entregado a Dios y a los otros sin reserva. Ello no le impedía ser totalmente humano, con su carácter original difícil de canalizar, y tener mucho humor. Poco a poco, sobretodo al final de su vida, fue abandonándose más y más, en una vida de recogimiento. Este Dios al cual se había entregado era el Dios de Amor, el Dios cercano, próximo.

Vivía del nombre de la Comunidad: Emmanuel, “Dios con nosotros”. Él es quien relanza el mensaje de amor del Corazón de Jesús en Paray-le-Monial, el mensaje de amor de Dios a los hombres para que sean sus amigos.

Pierre, en efecto no tenía un corazón indiferente. Tenía muy presente a cada uno. Con espontaneidad, acogía con compasión los sufrimientos, las llamadas, las necesidades de los otros, ante todo de sus hermanos de la Comunidad. Ofrecía a Jesús, a medida que tenía conocimiento de ello, todo lo que alguien le confiaba. Adoración y compasión iban así a la par.

Pierre experimentaba una gran compasión, en particular, por aquellos que no conocían al Señor. No hay una miseria mayor que la miseria espiritual. Pierre hablaba, también, sin cesar de la evangelización, con todo el mundo, por sencillos que fueran, siempre con una gran audacia. Para él, el Emmanuel no existía más que para evangelizar. Visionario, tenía una inventiva formidable.