Inicios de la Comunidad

Un período de cambio.

Los años 70 están marcados por un cuestionamiento de los referentes morales, sociales y religiosos.Un mundo nuevo está a punto de nacer. Los valores propuestos están marcados por el individualismo, une voluntad de libertad, intento de liberación de los marcos de libertad tradicionales. Es en este momento que la Iglesia Católica decide convocar el Concilio Vaticano II (1962-1965): un encuentro de todos los obispos del mundo entero para reflexionar y hacer propuestas respondiendo a las cuestiones del mundo contemporáneo.

Nuevas comunidades.

Ya desde antes del Concilio y después de este, aparecieron nuevas iniciativas comunitarias en la Iglesia Católica. Surgieron nuevos movimientos y comunidades: Schönstatt en 1917, Cursillos en 1939, Foccolari en 1942, Comunión y Liberación, Camino Neocatecumenal… Algunos inventaron formas inesperadas de vida cristiana, santidad y misión. Estos movimientos son, en gran parte, compuestos y animados por laicos (personas casadas o solteras) y no ya solamente por sacerdotes o religiosos. La Renovación Carismática, desde 1967, será la corriente más importante y va a suscitar el nacimiento de un gran número de comunidades.

Nace la Renovación Carismática Católica.

La Renovación Carismática Católica aparece en Estados Unidos, en la Iglesia Católica, en 1967. Pierre Goursat oye hablar de ella a través de un padre Trinitario de Canadá, el P. Regimbald, en diciembre de 1971. Hizo participar de su entusiasmo a un amigo, el P. Caffarel, que acababa de escuchar, él mismo, un relato sobre ello a través de un matrimonio francés, X. et B. Le Pichon, que habían hecho una experiencia de la Renovación Carismática Católica, en Estados Unidos.

El 11 de febrero de 1972, cuarenta personas se reunieron para escuchar este testimonio y las explicaciones correspondientes. La mayor parte pidieron la gracia de la Efusión del Espíritu: Gracia que da el encuentro con un Dios próximo, que nos ama y actúa transformando nuestra vida. De esta experiencia nace un deseo de leer la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos, cambiar de vida y anunciar el Evangelio.

Nacimiento de la Comunidad de Emmanuel.

Entre los que asistieron a esta reunión estaban Pierre Goursat, de 57 años, y una joven interna de medicina, Martine Laffitte (hoy día Martine Catta, por su matrimonio). A partir de esta velada ellos se reconocieron mutuamente como hermano y hermana, llamados a comenzar alguna cosa que no sabían que podía llegar a ser. Había nacido el Emmanuel, aunque todavía no con este nombre. Comenzaron a orar juntos todos los días. Más tarde invitaron a algunas personas a orar con ellos, en París, en la gracia de la Renovación. Al comenzar fueron 5 personas. Al cabo de un año ya fueron 500.

El pequeño grupo de oración inicial fue desdoblado, encontrándose pronto con dos grupos en que, en cada uno había el mismo número de personas que en el inicial. Esto dio lugar a 4 grandes “asambleas de oración”.

En estas asambleas de oración la vida de numerosas personas fue transformada. Entre ellas, algunas manifestaron el deseo de ir más lejos en su compromiso. Así, estas personas, empezaron a encontrarse regularmente, además del grupo de oración. Pierre y Martine escogieron el nombre de «Emmanuel» para guardar la unidad y designar esta comunidad naciente.

Compartir más que un tiempo de oración.
Poco a poco alrededor de Pierre Goursat y de Martine Laffitte, los fundadores, se va formando un núcleo de personas que quieren ir más lejos. Así, además del grupo de oración, comienza, en Gentilly (cerca de París , en 1974, una pequeña fraternidad de vida residencial con tres personas, entre ellos Pierre Goursat. Esto será el comienzo de la « Fraternidad de Jesús ».

El grupo aumenta poco a poco, tanto con personas de los grupos de oración de París como con hermanos de provincias.

En septiembre de 1976, un retiro de tres semanas (durante todas las tardes y los fines de semana) reúne a cuarenta personas. Casi todos quieren unirse a la vida comunitaria que ya ha comenzado. Los primeros compromisos en el Emmanuel tuvieron lugar en 1977. La vida comunitaria, con las fraternidades de compartir, los fines de semana y el acompañamiento y con las gracias fundamentales de la Comunidad (adoración, compasión, evangelización), se edifica poco a poco en un clima de alabanza y de amor a la Iglesia.

Al mismo tiempo, la Comunidad de Emmanuel descubre Paray-le-Monial. Varias sesiones (encuentros) tienen lugar allí, desde este momento, cada año. Pierre tiene en el pensamiento la idea de hacer accesible, de nuevo, para las multitudes, el sentido del Amor de Dios para los hombres. Un amor sencillo y cercano: con la Renovación Carismática la Efusión del Espíritu, que mana del Corazón abierto de Jesús en la Cruz, encuentra su lugar en la continuación de la tradición de Paray.

La alabanza, la adoración eucarística, la liturgia gozosa y participativa van a atraer de nuevo a las gentes a Paray y a contribuir a la renovación de la evangelización.

Encontrar un nombre para la Comunidad.
En diciembre de 1972, el local del grupo de oración que animaban Pierre Goursat et Martine Catta queda demasiado pequeño. Entonces pensaron que era el momento de hacer dos grupos. Un grupo sería un lugar de profundización y el otro estaría abierto para la acogida de todas las personas nuevas Esta división puso la cuestión de guardar un espíritu común y de unidad: «Es necesario encontrar un nombre» se dijeron.

A principios de marzo de 1973, Françou y Geneviève, dos chicas que son miembros del grupo de oración se reúnen y Geneviève cita un pasaje del profeta Isaías que había leído este día: «El Señor mismo os dará un signo. He aquí que la joven está encinta. Ella dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel».

Françou comprende pronto que el nombre de la Comunidad ha de ser «Emmanuel». Poco después se encuentra con una religiosa de la Asunción, habitual en el grupo de oración, y le dice llena de alegría: «¡Ya está, he encontrado el nombre! Es…» - «Emmanuel», le dice esta religiosa antes de que Françou haya tenido tiempo de acabar la frase.

Cuando se entera de ello Martine dice: « ¡Ah! Ahora entiendo por fin porqué abriendo distintas Biblias siempre encontraba el siguiente texto: «He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel» Era la cita de Isaías retomada en el Evangelio de san Mateo (Mt 1,23). El mismo Pierre estaba profundamente tocado por este «y le pondrán por nombre Emmanuel, que se traduce Dios con nosotros». Decía: «Emmanuel, es Dios que está siempre con nosotros, Dios que combate con nosotros y que nos precede en el combate».

Cuando le nombre fue anunciado fue acogido y reconocido con gozo unánimemente. Toda una gracia y un destino estaban inscritos en él. Y, desde este día, la protección de la Virgen no ha cesado jamás de notarse en el Emmanuel.

Un desarrollo importante.

A partir del compromiso de las cuarenta primeras personas, en 1976, la Comunidad se desarrolla muy rápidamente, tanto numéricamente como geográficamente. Lejos encasillarse en Paris, la Comunidad funda, también, en provincias y en el extranjero. Durante los primeros tiempos, el número de miembros se doblaba cada año. En 1982, el Emmanuel ya está presente en 7 u 8 países y cuenta con 1100 miembros. Y 2500 en 1988.

Cuando muere Pierre Goursat, el 25 de marzo de 1991 (Lunes Santo), la Comunidad ya está presente en todo el munde. El número actual es de 7200 miembros, repartidos en 64 pises (cerca de la mitad en Francia).

Una diversidad de edades, clases sociales y estados de vida.

Una de las gracias de la Comunidad es, desde sus comienzos, la diversidad de edades, clases sociales y estados de vida.La Comunidad suscita, de una forma particular, vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El primer sacerdote fue ordenado en 1980, los cuatro siguientes en 1984. En 2004, el Emmanuel cuenta con 156 sacerdotes y 100 seminaristas. Por otra parte, alrededor de 200 mujeres y, también, un pequeño grupo de hombres, han elegido el celibato consagrado.

Un laboratorio de evangelización.

El Emmanuel es, igualmente, como una especie de laboratorio de evangelización, suscitando numerosas iniciativas a fin de tocar a las personas en donde estén y como sean cada una de ellas. La Comunidad está recorrida toda ella por un dinamismo inventivo acompañado por un gran gozo. “El Emmanuel, es la evangelización con gozo”, dijo un día el cardenal Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI). La Comunidad ha sido gratificada también, desde sus comienzos, con una gracia de composición de cantos que conducen a la alabanza y a la adoración.

Reconocimiento de la Iglesia.

También la Iglesia ha reconocido la Comunidad. Primeramente en el plano diocesano (Nanterre1980, Paris 1982), después sobre el plano de la Iglesia universal, en 1992, como Asociación de fieles. Ella le ha confiado un cierto número de misiones, en particular parroquias (une treintena en el día de hoy).

Sin duda no es exagerado decir que a lo largo de su joven, aunque rica historia, la Comunidad ha tendido a realizar las promesas de sus comienzos. Ella presenta, como puede, el rostro de Jesús a los hombres de este tiempo, con un gran deseo de ayudar a la sociedad actual a reencontrar bases para su vida.

Muchos de sus miembros han dado ya su vida por Cristo y otros han muerto en olor de santidad. La Comunidad contribuye, junto con otras, a la eclosión de una nueva cultura cristiana.